Esa de la que dicen que siempre dice la verdad; y derramando sus lágrimas al mar, espera que las olas desplieguen su compasión.
Y es que deberían de hacer un manual para las enfermedades del alma, esas que no te devoran día a día, sino que sencillamente se llevan tus días.
Todo se detiene en su mundo, todo se detiene en un punto de intersección en el que por mucho que analiza no encuentra el desencadenante, ese que permita marcar con exactitud el punto de inflexión y aislar el momento.
Contemplarlo y susurrarle : " Ahora que te tengo ya no seras un error " y, seguidamente, procurar que se desvanezca como una pompa de jabón bajo la lluvia de un Mayo al uso. O puede que incluso introducirse en ella y elevarse como el viento, ese del que dicen que dice que ... Nadie puede tocarlo.
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